• Jorge Meléndez

Alte y las tres lecciones de vida

Actualizado: 28 de ago de 2018

Su nombre era Alte. Tendría unos dieciséis años cuando lo conocí. A su corta edad, ya había aprendido tres cosas importantes: que existía un espacio que trascendía la vida; que su cuerpo era un vehículo temporero donde habitaba un ser que era parte de ese espacio; y que su vida estaría marcada por pequeños lapsos o periodos de tiempo llamadas lecciones.


Alte ya sabía que los sentimientos eran parte de la vida. En su cultura los sentimientos se sentían, se expresaban y se liberaban, no se guardaban. Una importante lección que había aprendido desde niño es que los sentimientos no cambian las cosas, sino la manera en que vemos las cosas. Por más fuerte que fuera el sentimiento, las cosas no cambian, especialmente las tres lecciones principales. Alte ya había perdido seres importantes en su vida, como sus dos abuelos, quiénes habían sido de sus más grandes maestros, lo que había puesto a prueba estas lecciones.


Eso había instalado en Alte, desde temprana edad, la certeza de que todo lo que lo rodeaba siempre estaría con él. Esa conexión le permitía desprenderse de las cosas, aunque por momentos fuera doloroso, ya que esa sabiduría profunda le confirmaba que todo tenía un propósito y su presencia en el mundo era parte del mismo.


Uno de sus abuelos que había fallecido, que también se llamada Alte, le había dicho que el secreto de la vida era aprender a vivir entre la permanencia y la temporalidad. Esa sería la lucha. Todo el tiempo. Las tentaciones vendrían de dos lugares: las internas y las externas. Las internas, las más peligrosas, tendrían el propósito de alejarte de tu ser que esta conectado con el todo. Las externas, que son las internas personificadas en personas, situaciones y eventos, son ilusiones proyectadas que usamos para escondernos de nuestro verdadero propósito.


"Tu lado permanente es el espiritual. El que no se puede ver con los ojos, sino con el corazón y no te permite aferrarte a nada. Es importante que siempre recuerdes tus primeras tres lecciones de vida: que eres parte de un todo, que tu cuerpo es un vehículo donde habita un ser conectado con todo y que vienes a este plano a vivir lecciones. Las tentaciones no van a faltar, pero es importante que nunca olvides tu origen. Tendrás momentos de duda, de inseguridad, de miedo, pero si te sostienes con tu lado espiritual, siempre volverás al camino que te definirá", le decía Alte con frecuencia.


Su otro abuelo, "Viso", le hablaba de la ilusión de la temporalidad y el no caer en la tentación de querer imponer en su paso por la vida un sentido permanente a las cosas que son temporeras. Viso había escuchado de culturas como las tibetanas, la egipcias y hasta algunas más ancestrales, que "el nacimiento y la muerte simplemente son dos marcadores dentro de un espacio elegido para aprender en el plano físico".


"El punto clave son las emociones y los sentimientos. Las emociones son la vibración que emanan del todo en ciertos momentos, situaciones y eventos. Estas se canalizan a través de nuestro cuerpo y los sentimientos son la manera en que cada ser vivo puede manifestar la lección que viene a aprender. Si no se manifiestan, no se expresan, no se liberan o no se comunican estas lecciones, la energía no fluye, el propósito se pierde y nace una ilusión de desconexión y resistencia con todo lo que nos rodea. Perdemos nuestro sentido, nuestra dirección y cuestionamos la existencia de nuestras tres lecciones principales", enfatizaba con mucha pasión Viso cuando hablaba con Alte.


La muerte tenía un significado muy diferente para Alte. Cada vez que falleció uno de los abuelos, más allá de la tristeza y dolor, su padre Sono le decía amorosamente durante su proceso de duelo: "dime lo que tengas que decir, exprésalo con libertad, sin temor y no importa lo que sea, eres comprendido por tus abuelos, por la sabiduría que vive en todo y por todos los que te amamos". Alte no sólo lo internalizó, sino que lo asimiló como una persona con muchos más años de lo que en realidad tenía. La muerte no era un fin, sino una parte importante de un proceso de transformación, tanto para el que pasa a otra dimensión, como los que se quedan en el plano físico.


Al ser un joven tan maduro y con una manera de pensar tan particular, Alte era visto por la gente como un ser "raro, diferente, que decía cosas que no eran lógicas", pero tenía un aura que atraía a la gente. Con el paso de los años, Alte se vio obligado a buscar oportunidades lejos de su comunidad, dado a que ya sus padres habían fallecido y su única hermana había creado su familia propia. Irse fue muy difícil, ya que no sólo ahí tenía sus

Alte y las tres lecciones que definen la vida

raíces, sino todo lo que había sido parte vital de su formación estaba en ese lugar. Pero era hora de partir. Continúa mañana la segunda parte.

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