• Jorge Meléndez

Cómo expandir al Universo

Hace poco más de un mes falleció mi amada madre. Yo iba a camino a Puerto Rico, cuando ocurrió lo que nadie quiere que ocurra: muere un ser querido. Acababa de aterrizar en Dallas, Texas, cuando mi hermana Laura me escribió con la triste noticia. En ese instante necesitaba hacer un alto, requería de un espacio donde no hubiera gente, sin ruidos y donde se detuviera el tiempo porque mi mundo interno tenía un llamado, mientras el mundo externo tenía otro.


Para ser un sábado, el aeropuerto de Dallas estaba que no cabía un alma más. Ruido de construcción en un terminal, gente brotaba por todos lados sin dar señal de detenerse y el mundo seguía su curso, mientras el mío comenzaba a tener otro: completar mi camino en esta vida sin la presencia o compañía de la mujer que me trajo a este mundo.


Todo era un caos, pero mi mente seguía muy clara y decidida que necesitaba un espacio. Mientras más lo buscaba, más parecía que no aparecía. Recuerdo que me tomó unos cinco tal vez diez minutos, lo que parecía una eternidad, encontrar un lugar vacío, sin gente y donde el mundo parecía hacer una pausa para que yo pudiera conectar conmigo. Y, finalmente, lo encontré.


En ese momento lloré, pensé, reflexioné, agradecí y hasta me pregunté cómo me había puesto en la posición en la que en estaba: ni allá, ni acá. Nunca sabemos donde estaremos cuando la vida nos envíe noticias de las que nos van a tocar, no importa la distancia, no importa el tiempo o el estado de las cosas. Para completar, estaría ocho horas más en Dallas para realmente estar conmigo y poder manejar y liberar mis emociones.


Al igual que muchos que han perdido seres queridos, en ese momento comenzó mi duelo. No sé cuanto tiempo durará, ni las formas que tome, pero estoy claro que yo lo siento, lo vivo y busco ser lo más honesto con él cuando aparece. Es una energía que siempre está ahí, presente, y que toma diferentes formas, intensidades y matices por momentos.


Perder un ser querido, especialmente alguien cercano como el padre, la madre, un hermano, una pareja, un hijo o quien sea parte vital de tu vida, es una razón más que poderosa o valedera para que tu mundo se contraiga. En ese momento se toca un grado de nuestra humanidad que no sabemos que existe, pero comenzamos a conocer. Es un proceso donde algunos quedan contraídos mucho tiempo, otros toda la vida.


La vida constantemente se mueve en dos sentidos: la expansión y la contracción. La expansión comienza con la vida misma, una energía que vibra en todo momento, que evoluciona, pasa por etapas, crece, sube y baja, hasta llegar a un momento cuando tiene que cerrar, completar, terminar y contraerse.


El mundo se expande cuando nuestros actos reflejan todo aquello que da vida: el amor, la creatividad, la bondad, el fluir, la conexión, la humildad, la inocencia, la intuición, el perdón, la consciencia, la curiosidad, la confianza, la grandeza, la sinceridad, la transparencia, el merecer, la integridad, el respeto, el honrar y el valorar la vida, no solamente a nosotros mismos. Es una expresión de que somos parte del todo y ese todo contiene lo suficiente para que todos podamos coexistir. Es la abundancia infinita, donde todos somos uno.


La contracción es parte de la vida, pero una cosa es cuando llega por estado natural y orgánico y otro es cuando operamos desde ese espacio. La contracción implica que hay una finalidad o muerte, aunque en realidad es un cambio de estado, de pasar de un estado a otro. Es negar nuestra conexión con todo y volver a caer en la ilusión de que estamos separados, cuando jamás podemos estarlo por ser una manifestación energética en un Universo de energía.


La contracción es inevitable, el problema es cuando nos quedamos contraídos. Cuando operamos desde el miedo, la desconfianza, la desconexión, la mentira, el engaño, el orgullo, la arrogancia, la inseguridad, las agendas ocultas, el rencor, el odio, la envidia, el chisme, el no valorarme, el no merecer, la indiferencia, el prejuicio, el comparar, el señalar, la comodidad, la represión o la opresión, entre tantos más, nos quedamos en un estado que no expande, sino contrae, reduce, limita y restringe.


Vamos a tener momentos de contracción en la vida: perder un ser querido, un divorcio o separación, perder un empleo o negocio, un engaño, una mentira, un accidente, una traición, un asalto, tener que mudarte de un lugar que no querías, una enfermedad o algo que la vida nos envía sin aviso, pero tiene un destinatario.


En ese momento podemos quedarnos contraídos, pero la vida continúa. El día que mi madre falleció el mundo no se detuvo, aunque mi vida se detuvo por un instante. El dolor y la ausencia me recuerda porqué estoy aquí: gracias a un momento de expansión que tuvo un ser que me dio un regalo llamado vida y esa vibración dice que hay que seguir en expansión, en movimiento, creando.


El duelo es inevitable, el dilema es que la mente quiere buscar el sentido de permanencia, ya sea en el apego al cuerpo físico o la renuencia de querer liberar los sentimientos de dolor, de pérdida y trascenderlos. Estoy claro que el proceso es diferente para cada uno, pero el punto hoy no es cómo vivimos un duelo, sino la expansión y la contracción que reflejan nuestras acciones en el mundo todos los días.


Si hicieras una evaluación honesta de las áreas más importantes de tu vida, ¿qué dicen tus acciones y la forma en que te comportas en cada una de ellas? ¿Eres un ejemplo de expansión, con todo y los momentos de contracción que vives? ¿Vives desde el dar? ¿Qué vas a hacer para expandir o apoyar a otros a seguir en expansión?


Por otro lado, ¿eres un ejemplo de un ser contraído, paralizado o congelado, por el dolor, las pérdidas, la amargura, el resentimiento o el odio? ¿Vives en el quitar o no dar? ¿Vives en automático? ¿Qué vas hacer para salir de la contracción, del parálisis, de estar congelado y transformar las experiencias en lecciones para liberarte, reclamar tu vida y ser luz en el mundo? Como dijeron una vez: el hombre no le teme a la oscuridad, el hombre le teme a La Luz. No apagues lo que vino a brillar.


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Expandir es tocar la abundancia infinita

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