• Jorge Meléndez

Cuando la vida no da

Cuando algo te gusta, y te gusta mucho, ¿cuántas veces pareciera que el tiempo y la vida no te alcanza para poder hacer todo lo que quisieras hacer? Si te gusta leer, ¿cuántos libros buenos hay por leer y cada año se publican más y más? Si te gusta el cine y/o la música, jamás alcanzas a ver y/o escuchar todo, ya que hay tanto, y se sigue creando más y más cada día.


El otro día platicaba con una amiga, cuyo estilo de vida es sumamente diverso y activo: ama lo que hace en su profesión de nutrióloga, le encanta hacer deporte y siempre está sacando tiempo para leer y crecer personal y profesionalmente. Es notable que es una mujer que desea sacarle lo mejor a la vida y a todo lo que hace. Durante la plática me dijo: "pues tratando de optimizar tiempos por que la vida no da".


En ese instante admiré su voluntad, su dedicación y le dije que me acababa de inspirar a escribir este blog. Yo no se ustedes, pero el paso tan frenético de la vida y el deseo de alcanzar algo (éxito, reconocimiento, satisfacción o de logro, entre otros más) puede llevarnos a vivir en un estado de constante actividad (en algunos casos, ansiedad). Estoy claro que cuando estamos comenzando algo, o estamos enamorados de lo que hacemos, el tiempo vuela. Como si fuera poco, nuestros múltiples intereses, responsabilidades y nuestro sentido de exigencia, nos lleva a encontrarnos frecuentemente en esa disyuntiva: "la vida no da".


Con el paso de los años, y después de mucho trabajo personal, he comprendido que muchas veces detrás de toda esa actividad hay una creencia limitante que nos usa llamada "no soy suficiente". No importa lo que hagas, no importa lo que digas, no importa lo que pase y no importa lo que resuelvas, "nunca será suficiente". Esa creencia es una de las más perversas y nefastas que el hombre ha adoptado y que más daño le hace. Por creer que no era suficiente perdí relaciones, matrimonios, oportunidades, clientes, negocios, tiempo de calidad con mi familia y amigos, entre mucho más.


Esta creencia la adoptamos desde niño por varias razones. Una de ellas puede ser, exigencia de alguno de nuestros padres o familiares significativos. Otra puede ser, no querer decepcionar a uno de nuestros padres o la insatisfacción de algún padre, hermano o pareja que siempre tenía su vaso "medio vacío" y por más que hiciéramos para que se sintieran llenos, su expresión, su comunicación o hasta su molestia mostraba que "nos habíamos quedado cortos o no fue suficiente". Hay muchos detonantes para que hoy esa creencia te tenga de rehén.


En fin, caemos en la trampa de que tenemos que hacer más, trabajar el doble, esforzarnos más y hacer hasta lo imposible para simplemente cumplir con una exigencia o expectativa demasiado alta. Esta creencia genera un sentido de tener que cumplir, de hacer y hacer, de no poder equivocarnos, de tomar responsabilidades y hasta cargar taras que no nos corresponden. Es como un chip que te dice: "¿que más vas a hacer para que te sientas bien (una manera solapada de cubrir la realidad: sentirte suficiente)?" Y como buen robot, ahí vamos y lo hacemos.


En mis años de Coach y facilitador de talleres, es innumerable la cantidad de personas que he conocido que tienen paredes repletas de títulos, grados, posgrados y premios y siguen queriendo alcanzar más y más simplemente porque uno de sus padres no le dijo "estoy orgulloso de ti". Es como si tuvieran un imán para atraer a su vida personas, situaciones y eventos que confirmen la creencia.


¿Qué puedes hacer para empezar a quitarle el poder la creencia de "no ser suficiente"?

1) Reconocer tu esfuerzo, tu preparación, tus logros y decirte: "yo soy suficiente. Yo soy la la persona que requiere verse completa, capaz y cuyos esfuerzos son valiosos".

2) Hablar con la persona, o personas, con las que te has sentido de esa manera y decirle cómo tu deseas que valoren o aprecien tus acciones, no escuchar sus evaluaciones. (Si tu relación con esa persona es cercana y piensa que no va a cambiar, requieres saber cuando no escuchar lo que dice y cuidar tu autoestima o espacio interno).

3) Aprender a decir que no, ya que por querer hacer tanto (o demás para probar ser suficiente) la vida no te alcanza.

4) Menos es más. No tienes que hacerlo todo, sino lo que realmente es importante. "El que mucho abarca, poco aprieta", dice un refrán popular que se dice mucho en Puerto Rico.

5) Relajarte y practicar el "mindfullness" o atención plena en lo que haces, cuando lo haces y con quien lo estás haciendo.

6) Es un proceso que va a tomar tiempo, esfuerzo y paciencia.


Recuerda, siempre habrá un libro nuevo, un disco nuevo, una nueva película, un museo que visitar, un restaurante donde cenar o un museo que visitar. No tienes que hacer todo, sino disfrutar lo que ya tienes. ¿Cuándo comienzas a liberarte de esta creencia de "no ser suficiente"?


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La creencia de "no ser suficiente" es muy dañina

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