• Jorge Meléndez

El juego de tus estímulos

¡Qué rico es comer! ¡Qué rico es viajar! ¡Qué rico es tener sexo! ¡Qué rico es tener dinero! ¡Qué rico es poder hacer lo que te gusta profesionalmente! ¡Qué rico es escuchar la música que te gusta y ver tus artistas preferidos! ¡Qué rico es dormir profundamente! ¡Qué rico es el silencio! ¡Qué rico es leer un buen libro¡ ¡Qué rico es ver una buena película! ¡Qué rico es presenciar un amanecer o un atardecer! ¡Qué rico es compartir con personas que amas o quieres! ¡Qué rico es estar con tu mascota! ¡Qué rico es hacer las cosas que te gustan cuando más quieras, cómo más te gustan y cuantas veces quieras!


¿Qué te estimula a ti? Todos somos estimulados por algo. Así es el mundo de los estímulos: saber que te gusta algo y ver como comienza una danza con tu mente, con tus sentidos, con tus actos y terminas haciendo una de dos cosas; o cayendo seducido por el estímulo de lo que te gusta, o reprimirte porque en ese momento crees que si caes ante la tentación la consecuencia puede ser contraproducente.


Este año decidí que iba a cuestionar y descubrir más a profundidad mis estímulos. Una cosa es saber lo que te gusta, otra cosa es hacer una de dos cosas: lanzarte tras el estímulo o frenarte porque crees que no es el momento o no te conviene caer seducido por "el lado oscuro" de tus tentaciones. ¿Qué tal si existe otro punto, no necesariamente un punto medio, donde no eres rehén de tus estímulos ni tus estímulos son tu amo, señor o GPS predecible en ciertas situaciones?


Vivimos en un mundo dominado por el mar de la influencia y de la opinión. Todo se queda en un superficial: quiero o no quiero, me gusta o no me gusta, me parece o no me parece, me excita o no me excita, me estimula o no me estimula, es emocionante o es aburrido, porque fulano lo hace o fulana lo muestra corremos a hacer cosas. Todos de alguna manera nadamos en este mar, porque hasta resistirlo es una forma de ser estimulado.


Este pasado fin de semana estuve en Estados Unidos participando en un taller para presentadores o personas que quieren seguir creciendo o mejorando sus habilidades como oradores. En el pasado mi estímulo a participar en un taller como este serían dos factores: probar que puedo o seguir mejorando porque el facilitador (#RandyGage) es alguien quien admiro, respeto y domina este tema por su amplia experiencia y conocimientos.


Esta vez cuestioné mis estímulos, ya que estuve en un taller con Randy el año pasado de casi una semana (y volveré a estar con él en un taller en Las Vegas en marzo) y siento que puedo seguir creciendo como presentador de otras maneras sin tener que hacer una inversión en este momento. Lo más fácil era decir "no voy ahora y voy en marzo", pero eso sería caer ante de manera automática ante mis estímulos y el mar de la opinión.


Lo que hice diferente fue cambiar la pregunta. En vez de preguntarme ¿para qué voy al taller o qué voy a sacarle? Me cuestioné: ¿qué requiero trabajar de mi en este momento que puedo usar el taller como una plataforma para avanzar y crecer? En el momento en que cambié la pregunte me invadió un miedo enorme. Ahí fue cuando estaba claro que tenía que estar ahí en ese momento. En vez de usar (o dejarme usar) por el gusto, la satisfacción o lo que iba a recibir, dejé que el miedo fuera un estímulo para acercarme a él, a enfrentarlo y ver qué puedo descubrir en este momento de mi vida.


El miedo proviene de que ahora mismo estoy en un proceso de definir quien soy, qué vengo a aportar a este mundo, a definir mi voz y mi identidad. Esto algunos no lo creen, pero es cierto. El pararme en un tarima no era para probar mis habilidades o capacidades como presentador o facilitador, sino comenzar el proceso de honrar una tarima porque cuando abra la boca quiero saber que lo que tengo que decir tiene valor y es una extensión de quién soy.


Ese miedo es nuevo. No es el miedo de hacer algo por primera vez, ese siempre estará ahí. Los que queremos ser alguien en el mundo tenemos que estar dispuestos a enfrentarlo cada vez que hacemos los que nos mueve, lo que nos gusta, lo que nos apasiona o lo que creemos que podemos hacer para dejar una huella en el mundo.


Lo que es nuevo es enfrentar un grado de vulnerabilidad, de honestidad, de revelación propia que ya no se trata de lo que piensen o digan los demás. Tu sabes que es hora de decir, de mostrar, de revelar, pero más importante, de poseer este momento porque todo lo que has hecho en tu vida te ha traído a este punto y es hora de reclamarlo. Ese miedo es nuevo, aunque por momentos se siente ancestral. Es un miedo que carga gran parte de la humanidad y muchas veces nunca lo conoce, lo enfrenta y lo conquista.


¿Cómo sería invertir tus estímulos? En vez de ver lo que te gusta (o no te gusta) y dejar que meramente te seduzca o lo reprimas, descubrir lo que está debajo (o detrás) del mismo y aprender cómo puedes usarlo para crecer. Pase lo que pase. Sin expectativas, sino con la honestidad de que sabes que vas a caminar por el terreno de lo incierto, del misterio, pero confías que serás mejor cuando lo hayas caminado que si no lo haces.


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¿Qué papel juegan los estímulos en tu vida?



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