• Jorge Meléndez

El secreto que mata tus sueños

Soñar no cuesta nada, lo que cuesta es creer lo suficiente en el sueño y caminar hacia él pase lo que pase. Hablar de sueños en el mundo de hoy puede ser amenazante. Te hacen bullying por eso. Es como hablar de democracia en medio de comunistas. Puedes ser señalado o juzgado como alguien que viene a lavar cerebros, a romper el estatus quó o alguien que te lleva a sentir algo que hace tiempo no sentías: esperanza.


Decir que tengo un sueño no es lo mismo que creer en el sueño. Creer en un sueño es sentir algo por eso que ves en tu imaginación y dejar que dirija tus pasos y abrirte paso en el mundo. Ese sentimiento se reduce a una sola cosa: saber que serás vulnerable, que serás el David ante el Goliath del mundo, pero tu humildad y tu confianza en ti marcará los pasos que irás dando. Es un proceso donde la búsqueda no es el objetivo, sino andar a caminar. El objetivo no es meramente obtener, sino expresar, manifestar, expandir, crecer, dar.


El otro día leí algo que me movió: "los adultos somos niños deteriorados". Deteriorados por que hemos perdido nuestra capacidad de soñar, de ser creativos, de ser expresivos, de ser espontáneos, de creer en algo sin saber el cómo o sin saber qué va a pasar simplemente porque lo que te mueve es mucho más grande que lo que pase. ¿Dónde y cuándo comenzó a deteriorarse el niño que llevas dentro?


Uno de los conflictos más grandes que tenemos los adultos es que en nuestro proceso de crecer matamos nuestra capacidad de soñar. Hoy te vas a enterar del oscuro secreto por qué eso pasa. Por querer tener certeza. Si, suena simple pero es muy triste. Por querer sentirnos seguros, protegidos y cómodos, elegimos sobrevivir a cualquier costa. Queremos tener certeza de todo, hasta de lo que no podemos tenerla. Se llama sueño por que no es cierto ni es una certeza. Esa una visión, una imagen, un sentir intuitivo de que algo que hoy no ves, pero eres capaz de manifestarlo en el mundo si sueltas tu apego a la certeza.


Es convertir el adulto deteriorado en un niño renovado. Es volver a darle alas a las partes de ti que vibran con la libertad, con la expresión, con la autenticidad, con el ser valiente, con el valorarse por quien eres y no por lo que haces o tienes. Es tener los pies en la tierra, pero la mente conectada con un sentido mucho más elevado que ser racional, lógico o pragmático. Es dejar que la imaginación cobre vuelo y te levante a ver cosas de ti y del mundo que jamás habías visto o pensabas que existían.


Soñar es un acto de valentía para un adulto, natural para un niño y parte de la existencia de ser un ser humano en este mundo. Soñar no cambia el mundo, pero cambia tu forma de ver el mundo. Soñar no tiene fecha de expiración, ni de inicio; sólo esperas por que te pongas en marcha. Soñar es sentir y en un mundo desconectado puede ser caminar por tierras desoladas, donde la vida parece haber sigo congelada en el tiempo y sin color. A medida que sigues el rastro del sueño que te lleva esos lugares que parecen inhóspitos, verás como todo comienza a tomar foco, adquirir color, tener vida y manifestar lo que antes sólo tu podías ver. ¿Hasta cuando vas a dejar que la certeza mate el cuadro que mereces pintar y darle vida?


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Es hora de dejar volar la imaginación

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