• Jorge Meléndez

Hora de sembrar

Un bebé tarda nueve meses en gestarse dentro de la barriga de la madre. Tarda toda una vida descubrir el ser que nacerá y el tipo de relación que tendrá con su madre, su padre y toda su famili. Por otro lado, existen animales que nacen y nunca conocen a sus padres.


Desde el mismo momento en que nacieron, no había nadie cerca para informarles lo que sería el mundo y lo que les depararía en los próximos segundos, minutos, meses y años que podría llevarlos a vivir o a morir. Son parte del balance que la naturaleza produce entre lo que nace y lo que muere.


Ese nacimiento marca una primavera. Ese impulso de vida que dice que el periodo de gestación, de incubación, de hibernar, de regenerarse o de reflexión ha concluido y comienza un proceso de crecimiento.


Eso es la primavera, una etapa donde para que haya vida requiere sembrarse algo. Ayer hablamos de la importancia de que el terreno recobre su estado de fertilidad durante el invierno.


La primavera es donde se requiere prepararse para la siembra. Ahora, el que siembra no lo hace sólo esperando cosechar. El sembrador tiene un propósito claro, definido, una misión. El que siembra es porque quiere aprender y está dispuesto a enfrentarlo todo: sequías, tormentas, huracanes, aves que se comen la semilla, gusanos que pueden infectar el cultivo, el sol que puede quemar o detener el crecimiento de la planta.


En fin, el sembrador sabe que el camino es incierto, pero le apuesta a que al final del día el balance será a su favor porque acepta los desafíos y las pérdidas que son parte del proceso. Pero apuesta a la victoria.


Hace unos años comencé un emprendimiento. Una de mis fortalezas era mi capacidad de enrolar gente y en menos de cuatro meses asocié a 100 personas en el proyecto. Pero por no educarlos a sembrar, a cuidar su semilla (su visión), a acompañarlos en su camino de prepararse para la siembra, perdí a 99.


Esa persona que permaneció estuvo conmigo por un año en lo que aprendimos a sembrar de verdad, a cuidar nuestras relaciones, a acompañar a las personas en su proceso de descubrir su propósito, su misión y verlos crecer. Esa fue una lección que marcó mi vida y ese año fue uno de los mejores en términos de liderazgo (e ingresos) que tuve en mi carrera.


La primavera muestra vida, color, movimiento y energía, pero es sólo una señal que dice: hora de sembrar, de cultivar la tierra. Hay que buscar buena semilla, arar la tierra y hacer un proceso de siembra consciente, consistente y cuidado para poder darle la atención, el enfoque, el mantenimiento y el tiempo requerido para que el proceso de gestación pueda darse.


Vivimos en tiempos donde la gente confunde sembrar con cultivar expectativas. La gente quiere cosechar cuando meramente ha comenzado un proceso de conectar con la gente. Simplemente porque tenemos la accesibilidad de las redes sociales no quiere decir que la gente va a querer comprar lo que ofreces o trabajar contigo simplemente porque tienes una cara bonita, un buen producto o haces buenos memes.

El mundo busca, añora y está hambriento de conectar, de sentirse unido a algo, que pertenece y que le brinda un grado de identidad o de propósito. El que vivamos tiempo acelerados, el proceso de cultivar, cuidar y crear relaciones es uno y no se pueden saltar pasos. Puedes terminar restando mas de lo que quieres sumar si mantienes este tipo de práctica.


Si quieres tener primaveras diferentes en tu vida, es importante que definas un propósito, la razón que te lleva a querer darte a conocer, a ser escuchado, lo que quieres ofrecer al mundo que puede hacer una diferencia.


Una vez definas ese propósito, es importante que definas para quién es y estar dispuesto a sembrar por un buen tempo. Una madre tiene a su hijo y los primeros años, por lo general, son una simbiosis. Pero en realidad es la parte de la madre que está sembrando semillas de amor, consciencia, discernimiento y valores en la mente y el ser de su hijo.


Podría decirse que la madre invierte los primeros 18 años (por ponerle un número) sembrando, antes de ver cómo es la cosecha. No digo que todas nuestras relaciones requieren ser una inversión de 18 años, pero no esperes obtener una respuesta en 18 minutos.


Sería valioso que consideraras lo siguiente:


¿Cómo identificas y valoras los momentos que pueden convertirse en primaveras en tu vida?


¿Qué haces para cultivar la tierra (tu manera de relacionarte con la gente)?


¿Qué comportamientos practicas en tus relaciones para cuidar la manera en que deseas desarrollar o madurar tus relaciones?


¿Qué actitudes o comportamientos requieres eliminar para el bienestar de tus relaciones?


¿Qué es lo que más te cuesta hacer en esta etapa de primavera? ¿Acercarte al mundo? ¿Ser accesible? ¿Escuchar? ¿Ser paciente?


¿Qué etapas del proceso sueles volarte o pasar por alto en este etapa que luego terminan restándote y no sumando a tu vida y a tus relaciones?


Recuerda, si de la misma manera en que muchos animales aprenden a conectarse con el proceso de cultivar, cuidar, proteger y acompañar a otros durante esta etapa, tu como ser humano puedes hacerlo también. Tu tienes mucha gente cerca de ti que está dispuesta a hacerlo, ahora solo falta que tu estés dispuesto a buscar aprenderlo. Está en tus manos.


¡Gracias por leer este blog!


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