• Jorge Meléndez

La amante perfecta y seductora

Es la pareja que has deseado.

Es el trabajo que has querido.

Es la respuesta que has esperado.

Es el proceso que te has propuesto.

Es el resultado que has añorado.


Es ese pensamiento o deseo que está cerca de las cosas que quieres.

Es esa afirmación de cómo visualizas el futuro.

Es esa manera en cómo te gustaría que sucedieran las cosas.

Es ese orden en cómo quieres que se resuelvan las cosas.

Es ese sentimiento de cómo quisieras que fluyeran o terminaran las cosas.


Hasta que la persona que aparece no es como pensabas.

Hasta que el empleo comienza a complicarse.

Hasta que te enfrentas con una respuesta inesperada o diferente.

Hasta que las cosas no van (o no salen) como pensabas.

Hasta que el resultado te pone a prueba.


Ahí comienza el debate.

Ahí nace la desilusión.

Ahí se guarda la frustración.

Ahí se busca la puerta de escape.

Ahí comienza el conteo regresivo.


Se llaman expectativas.

Todos las tenemos.

De alguna manera llegan a nuestra mente.

De alguna manera nos seducen.

Son muy superfluas.


Si se cumplen, nos alegramos.

Si no se cumplen, nos decepcionamos.

La ansiedad de que se cumplan es alta.

El temor a que no se cumplan es mayor.

El problema es el espacio que ocupan.


Pasa en el amor.

Pasa en el trabajo.

Pasa en la familia.

Pasa en todas partes.

Pasa en muchos aspectos de la vida.


Creemos que el problema es el otro, lo de afuera.

No lo es.

Si no nos damos cuenta, desechamos lo encontrado.

Nos vamos a lo que sigue. ¡Próximo!

Creemos que nuestro objetivo no fue cumplido.


(Que alguien satisfaga la expectativa).


Ahí comienza el problema.

Nadie nunca la va a satisfacer.

¿Porqué?

Es tuya la expectativa, no del otro.

El otro ni lo sabe, ni es su responsabilidad.


Y entonces, ¿qué hacer?

¿Dejar de tener expectativas?

No.

Sólo saber quién puede satisfacerlas.

Es más, quién puede manejarlas. ¡TU!


Tener expectativas no es el problema.

Sino hacia dónde las diriges.

Esperar de otro es darle tu poder al otro.

Tu poder puede estar centrado en ti o en el otro.

Tu eliges cómo reaccionar o cómo responder.


Expectativa centrada en ti: aprendes a responder.

Expectativa centrada en el otro: seguirás reaccionando.

Si aprendes, te liberas.

Si no, vivirás decepcionado y abandonado lo que quieres.

El secreto: ver dónde centras tus expectativas.


No es fácil.

Es simple.

Conlleva trabajo y esfuerzo.

Es más efectivo y productivo.

Es liberador.


Te quitas telarañas de la cabeza.

Comienzas a verte y ver todo diferente.

Tus relaciones cambian.

Cómo eliges y te esfuerzas cambias.

Cambias. Creces. Creas consciencia.


¿Qué esperas de ti?

¿Qué darás de ti?

¿Qué aprenderás de soñar y crecer y no de esperar del otro?

¿Qué vas a controlar: a ti o a los otros?

¿Qué puedes cambiar: lo que no hacen los otros o lo que puedes hacer tú?


Tus sueños merecen más de ti y menos expectativas del otro. ¿Qué vas a hacer al respecto?


¡Gracias por sacar de tu tiempo y leer este blog!


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Nota: Todavía puedes ser parte del programa Enfoque 2020, en el que personas de 8 países están diseñando la mejor década de su vida en 5 módulos que puedes hacer a tus tiempos y en tus horarios. El 22 y 23 de febrero Sergio Hernández Ledward y estes servidor volveremos a presentar el taller "La Historia del Héroe". Interesados puedes enviar mensaje a jorgeamp63@mac.com.


Las expectativas no son el problema, sino dónde las centras.




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