• Jorge Meléndez

La era de los zombies

Hablar de propósito de vida puede ser una bendición para algunos o una maldición para otros. Es como querer precisar algo que nunca vas a tener un 100% de certeza, pero si puedes sentir un grado de claridad interna que puede ser el motor que te mueve, que te inspire y que te guíe por el resto de tu vida.


Para algunos el saber, tener claro o sentir cuál es su propósito es algo que traen consigo en la sangre y se refleja desde el primer momento en que levantaron un palo de golf, patearon un balón de fútbol o tomaron en sus manos una raqueta de tenis a los tres años. Para otros es como una inclinación que comenzó a ganar fuerza e identidad desde su adolescencia: ven algo, lo siguen, lo hacen y, como una bola de nieve, crece hasta que toma forma y presencia.


Luego viene un gran grupo de personas que para definir o encontrar su propósito de vida es como una especie de búsqueda. Es como pasar por un camino de acertijos, donde viven (o se ponen) una serie de pruebas y de revisiones internas en diferentes etapas de su vida. La confirmación llega como resultado de una especie de participación en los "juegos del hambre"; vienes de un lugar, eres elegido, no sabes de que se trata o para qué se trata, pones tu vida en juego, amas, pierdas, te expones y, finalmente, si sobrevives, te das cuenta que era mucho más que un juego. Comprendes que vienes a este mundo para algo mucho más grande de lo que pensabas y que el jugar poniendo en juego tu vida por una razón define algo que parecía un secreto oculto dentro de ti.


Finalmente, tienes otro grupo de personas que viven haciendo algo toda la vida. Nacen en un entorno donde le dicen que hacer, que decir, que pensar, cómo actuar y a qué vienen a este mundo y eso creen, eso hacen, eso dicen y así viven. Tristemente, así piensan y defienden eso como su propósito y mueren pensando que para eso vinieron a este mundo. Ningún juicio, sólo una observación que continuamente veo en muchos lugares, países y en muchas personas cuando hablo con ellas.


¿Cuál es mi propósito?, es con toda probabilidad, una de las preguntas que más hace pensar a la gente y que más liberación, resistencia, incertidumbre, amor y frustración causa a la vez, dependiendo de la persona y cómo se aproximen a la pregunta. Es una interrogante que puede sonar simple y, a la vez, compleja. Es una pregunta que no quiere decir qué te gusta, que haces mejor, que estudiaste o que te dice la gente para lo que eres bueno. Es más, traspasa y trasciende el HACER y va dirigida al SER, pero no ese concepto abstracto e iluso del SER que suele surgir cuando no queremos pensar, profundizar o poner en palabras.


Tal vez la mejor manera de aproximarnos a esta pregunta es viendo lo que implica y lo que requiere. Definir un propósito es apostarle todo a algo que no sabes que resultado tendrá, pero ganes o pierdas, lo pusiste todo en la mesa y estuviste dispuesto a afrontar el resultado. Definir un propósito es mirar de qué manera crees que eres un instrumento de cambio, de valor y de utilidad en el mundo, no por la respuesta de los demás, sino por determinación propia y porque nace en ti un fuego inextinguible que jamás se apaga.


Propósito no es un sentimiento, aunque lo reconocemos porque comienza a crecer dentro de nosotros una emoción. Es como una especie de afirmación que para algunos no tiene identidad, aunque para otros tiene rostro, presencia y dirección. Aveces se manifiesta como el amor a primera vista: lo viste y en ese momento te diste cuenta que era para ti y desde ese momento el amor crece, se cuida y se nutre. Otras veces fue como un amor que llegó sin avisar, sin planificación y que con el paso de los años se quedó, se definió y se hizo patente en tu vida. Y, en algunos casos, es evasivo, indefinido, sin mostrarse, pero en el momento menos esperado te sorprende porque se revela en un aviso, una lección y un despertar de consciencia que este es tu camino, no importa lo que pase.


Propósito no es algo que se obtiene, sino algo que se da. Es un músculo que sólo tu vienes a usar, a definir, a servir, a otorgar y a compartir con el mundo. Es una expresión que vive dentro de ti donde se reunen tu grandeza, tu amor, tus miedos y tu conexión con la vida y con todo lo que te rodea. Es una revelación personal en la que el mundo se regocija de participar y de celebra que vivas tu proceso. No importa el tiempo que tarde, lo que pase, los aciertos, los fracasos, las caídas, las distracciones o la cantidad de veces que inicies, si lo haces desde el corazón, en algún momento llegará el aviso, la confirmación, ese momento que te diga con toda certeza: "esto es para lo que tu viniste a este mundo. Aprovecha cada minuto, cada persona, cada situación y cada oportunidad para dar a otros lo que sabes que sólo tu puedes dar en ese momento al mundo".


Tu propósito espera por ti. Tal vez ya lo sabes, tal vez no. Pero es un proceso que mereces hacer para darle dirección y sentido a tu vida, a tus actos, a tus relaciones y a tus resultados. La respuesta puede ser simple para algunos, compleja para otros, pero habrá algo que no podrás evitar que te confirmará si vas por donde quieres ir: un sentimiento interno que crece y se fortalece cada día cuando caminas y eres congruente con honrarlo. ¿Cuál es tu propósito?


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Definir tu propósito cambia todo, aunque nada cambie

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