• Jorge Meléndez

La gratitud se hace verbo

Hoy, en Estados Unidos y Puerto Rico particularmente, se celebra el Día de Acción de Gracias. Personas que han vivido en algún momento en cualquiera de estos dos países, o recuerdan o celebran de alguna manera esta tradición. Hoy te comparto lo que es este día para mí.


Extrañar a los tuyos, especialmente en momentos como hoy, es natural. Al ser de familia grande, el menor de seis hijos, un día como hoy es escuchar ruidos en la casa desde bien temprano. La cocina se convierte en el centro de operaciones desde los primeros visos del amanecer.


Primero son los ruidos, de utensilios, de hornos y de estufas con muchas cosas hirviendo y cociendo a la vez. Luego es la confección, ver cómo las mujeres (y hombres) están enfocados siguiendo el procedimiento requerido. Parecen hormigas atómicas en movimiento y trabajando al unísono para poder crear algo que sólo ellas saben lo que será.


A media mañana, ya cerca del mediodía, hay una especie de silencio. Comienza a salir de la cocina los olores del día de Acción de Gracias. Pavo, arándanos, maíz, papa, pan, manzanas, arroz, jamón, flan, vegetales y tantas cosas más que es imposible distinguirlos y contarlos.


En las primeras horas de la tarde ya comienza a inquietarse la multitud. El hambre comienza aparecer. Todo el mundo comienza a buscar que picar, que poder probar o que poder comer sin que las creadoras del manjar se den cuenta. Tu vida puede estar en peligro si te atrapan con las manos en la masa.


Luego de todo el mundo vestirse para la ocasión, ya que la Jefa Mayor así lo exigía, todos se sientan a la mesa. Los colores, la confección hecha con tanto amor, trabajo y esfuerzo muestran su belleza, los detalles de la mesa y todo lo que han sido horas de intensa y amorosa labor, se resume en dos cosas: la oración de gracias por lo que tenemos y lo bendecidos que somos de poder compartir esta mesa y estos alimentos con los seres que más amamos.


Hoy extraño a mi familia. A mis padres, a mis hermanos, a mi hijo, a mis abuelos, a mis tíos, a mis sobrinos, a mis primos, a mis amigos y a todos los que de alguna manera convirtieron la tradición del Día de Acción de Gracias en un recuerdo que le da vida a mi existencia y a las cosas que hace de la vida una con sentido, dirección y propósito.


La gratitud vive en mi por cada una de las personas que han sido, que son y que serían parte de mi vida. Hoy mi gratitud se extiende a todo el que celebra (o no) el Día de Acción de Gracias. Hoy pido que la gratitud sea una expresión viva y vital en tu vida y en la construcción de ella.


Hoy mi familia no la tendré cerca físicamente, pero desde los primeros rayos de sol de este nuevo día, los tengo presente. Mi Madre, mis hermanas, mis hermanos y mi Padre son imágenes que cobran vida. Puedo volver a ver los colores, percibir los olores, escuchar los ruidos y ver la imagen de todos sentados en la mesa y hacer lo que una familia hace: vivir momentos que se convierten en recuerdos y hacen que el amor se convierta en vida y eternidad.


Los amo inmensamente.


¡Gracias por sacar de tu tiempo y leer este blog!


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Gracias a toda mi familia por hacerme quién soy.

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