• Jorge Meléndez

Lo que vive en tus reliquias

Me siento como cuando visitas un familiar que tiene un garaje, un sótano o una bodega donde tiene guardado muchas cosas y entras a verlo y te sorprendes de las cosas que ves. Algunas están muy bien preservadas, otras muestran su edad pero no pierden su sentido, su presencia o su valor y otras están ahí, como congeladas en el tiempo, como empezadas o no terminadas, como revelando una idea, un pensamiento o algo que quiso manifestarse y no fue completado.


Eso sucede cuando comienzas a definir tu verdadero propósito de vida, cuando comienzas a forjar una voz propia, una identidad o empezar ese proyecto que quieres desarrollar para dejar una huella en tu vida. Es un proceso que requiere hacerse con amor, porque vas a mirar lo que has vivido, no meramente lo que has acumulado. Vas a ver cómo diferentes experiencias, ideas, talentos, habilidades, sueños y tu imaginación se conjugan para darte un mensaje del camino a tomar.


Es un proceso único para cada persona. Tiene fecha de comienzo, pero lo interesante es que no tiene una fecha de entrega, porque para poder entregar algo al mundo requieres hacer la búsqueda. Pero no una exploración con un objetivo premeditado, sino una abierta, que pueda revelar, que pueda mostrarte cosas que no quieres ver (tanto extraordinarias como mediocres) para poder iniciar un camino de descubrimiento hacia tu grandeza.


De la misma forma en que hoy día hay gente que se dedica a buscar en lo que se desecha cosas de gran valor, de reciclar basura porque es una industria, también podemos ver que lo usado (en este caso, lo vivido) muestra una historia, una manera de pensar, de vivir, de ver la vida y eso revela grandes y preciados secretos de alguien que vive en ti que no conoces. No se trata del estado en que se encuentra, sino del valor que encierra.


El pasado encierra una puerta al futuro, si sabes buscar la reliquias que muestran una parte de ti sin hacer juicios, sin querer hacer comparaciones, sin querer competir o sin querer asociarlo. Es un proceso en el que sabes que estás buscando algo, pero no tienes apegos a lo que vas a encontrar o lo que debería ser: la gratitud vive en el encuentro que vas a tener con lo revelado.


¿Qué vive en tu garaje, en tu bodega, en el sótano (o el ático) de tu vida? ¿Hacia dónde quieres llevar tu vida hoy? ¿Qué propósito quieres darle a tu vida que te lleve a sacar única y solamente tu grandeza, no lo que ya sabes hacer hasta con los ojos cerrados? ¿Cuando vas a empezar esa búsqueda que tu vida bien te dice que es el momento de hacerla y de llevarla hasta las últimas consecuencias?


Cuando la búsqueda se hace con honestidad, con autenticidad, con humildad y con amor, lo sabrás porque no vive el afán de demostrar nada, ni de probar algo, ni de que el mundo lo apruebe, sino que sabes que es el momento de iniciar un camino donde el foco no es confiar en el camino, sino en el caminante. Ya el propósito no es el objetivo, sino el andar, el caminar hacia algo que le dará sentido y valor a todo lo que ya has caminado hasta este momento. Ya lo dijo Serrat: "caminante no hay camino, camino se hace al andar". Pero un caminar con un sentido, con un valor, con una decisión tomada y es una elección consciente.


No estás contando, ni mirando, lo que te cuesta, ni lo que pierdes, ni lo que podría pasar. Al contrario, el no hacerlo ya te está costando, estás perdiendo y te está llevando a lo que no quieres: una muerte sin vida, ya que seguir viviendo sin vida es morir. Es seguir juntando las piezas del rompecabezas que viene sin instrucciones y sin una imagen definida, pero cada fragmento que se une comienza a revelar algo que sólo tu puedes identificar, valorar y traer a la vida.


¿A quién vas a permitir que entre, observe y te acompañe a ver lo que vive en tu garaje, bodega o sótano? Aquí es importante que elijas dos tipos de personas: aquellas que ya han hecho este tipo de búsqueda porque saben valorar las cosas de maneras en que tal vez nunca lo has hecho. También aquellas personas que serán lo suficientemente empáticas, honestas, amorosas, compasivas y pacientes para saber acompañarte y no exigirte.


Son personas que de alguna manera sabrán cómo inspirarte o estimularte a que sigas caminando y no te abandonarán o recriminarán lo que descubras, lo que sientas o, lo más importante, sabrán aprender a aceptar la persona en la que te convertirás gracias a esta búsqueda. Son maestros, aún cuando tal vez no han hecho su propio proceso, ya que fueron llamadas a ser testigos, no evidencia, de que vale la pena ser tu versión grandiosa. ¿Quien sabe si la vida te permite ser su acompañante en algún momento cuando llegue su llamado a hacer la suya? ¿Cuando comienzas? Tu vida lo merece.


¡Gracias por leer este blog! Te invito a que lo compartas con personas como tu, que buscan crecer y mejorar y regístrate, si no lo has hecho.


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Tu pasado tiene una puerta al futuro si sabes buscarla.

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