• Jorge Meléndez

No es lo mismo...


No es lo mismo saber donde esta la “salida de emergencia”, que tener una “puerta por donde escaparte” cuando sientes miedo.


No es lo mismo tener un “plan o estrategia de salida” cuando sabes que vas a terminar un ciclo que debe cerrarse, que “salir huyendo” para no afrontar lo que has generado.


No es lo mismo terminar las cosas por miedo a que te dejen, que agotar las opciones y aceptar si las cosas no funcionaron por elección.


No es lo mismo descartar las cosas sin haberlas evaluado, que tener criterios claros para detectar si las cosas son elegidas subjetiva u objetivamente.

No es lo mismo el no hablar para no incriminarte o decir lo que realmente sucede, que guardar silencio para descubrir que puedes aprender de no reaccionar.


No es lo mismo quejarte de lo que no estas dispuesto a resolver, que enfrentarte a lo que te incomoda y no volver a quejarte.


No es lo mismo pensar que tu opinión es la verdad, que saber que tu opinión es irrelevante y sólo es una forma de ver las cosas. No la única.


No es lo mismo estar ocupado con cosas importantes, que ocuparte todo el tiempo para no enfrentar lo que te define.


No es lo mismo pensar que el decir la cosas es suficiente, que saber poner límites y crear relaciones congruentes entre lo que se dice y se hace.


No es lo mismo hacer las cosas solo, que no hacer mucho porque nadie te ve.


No es lo mismo decir lo que piensas, que mostrar lo que sientes en lo que dices.


No es lo mismo guardar apariencias, que darte cuenta que las apariencias no pueden ocultar quien eres en realidad.


No es lo mismo darlo todo sin esperar nada a cambio, que no dar nada por pensar que no vas a obtener lo que quieres.


Una cosa es prepararte para lo peor, que vivir con el miedo de que vaya a ocurrir.


Una cosa es saber que tienes miedo, que dejar que el miedo domine tus acciones.


Una cosa es estar consciente del miedo que tienes y otra es crear consciencia de ello en tus actos.

No permitas que el miedo te utilice para justificar la mediocridad, su presencia en tus pensamientos y en tus actos y te reduzcas a jugar un juego pequeño y escaso en tu vida.

No lo merece tu vida. No lo merecen tus sueños. Y no lo merecen los que están cerca de ti. ¿Que vas a hacer con eso?


¡Gracias por sacar de tu tiempo y leer este blog! Te invito a que lo compartas con gente como tu!
















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