• Jorge Meléndez

El impacto de tus palabras

Actualizado: mar 1

11 minutos. 2.4 segundos. 20 segundos a 2 minutos. 8 minutos. 15-30 segundos. Cada acto tiene un tiempo. Una cantidad de tiempo para que pase algo. Te atrape. Te aburra. Te cautive. Te desconectes. Te acerques. Te alejes. Escuches. Seas indiferente. Atiendas o te distraigas.


Paulo Coelho, en su libro "Once minutos", dice que el acto sexual promedio en nuestra sociedad dura 11 minutos (aunque no dice cuántos de esos once minutos son placenteros). Un director creativo de una agencia de publicidad dice que tiene 2.4 segundos para atraparte con un comercial antes de que cambies el canal. Una persona sabe en los primeros 20 segundos a dos minutos si un conferencista lo atrapa o lo aburre. Un director de cine dice que en los primeros ocho minutos de la primera escena sabe si la audiencia quedará atrapada por la trama de la película o abandonará la sala. Un arreglista musical sabe que en los primeros 15 a 30 segundos un canción te atrapa o te pierde.


Tu y yo somos parte de las estadísticas que acabo de compartirte. De la forma en que hacemos las cosas, consumimos las cosas, atendemos (o no) a las cosas, le damos atención o no a las cosas, como nos comportamos ante las cosas y, lo más importante, cómo le otorgamos de nuestro sagrado tiempo a las cosas. Estas estadísticas no nacieron de la nada, nacieron como producto de nuestros estímulos, de nuestras reacciones, de nuestros hábitos y, de nuestras formas de hacer las cosas.


Si tuvieras veinte segundos para cautivar al mundo, ¿qué comunicarías, y más importante, de qué forma lo harías, para que por lo menos te escuchen de manera completa y generosa? Eso es lo que tienes, aunque lo creas o no. Eso pasa, aunque lo creas o no. Eso haces, o aunque lo sepas o no. No porque yo lo diga, sino por la respuesta te da el mundo en ese tiempo cuando comunicas.


Cada vez que abres la boca, ¿te has fijado en la manera en que reacciona el mundo a tu alrededor? ¿Se acercan o se alejan los que están cerca? ¿Te escuchan o se desconectan? ¿Elevas o reduces la energía del lugar? ¿Inspiras o aburres? ¿Impactas por la manera en que empiedras a otros o elevas cejas por la manera en que sólo hablas de ti? ¿La gente queda tocada por lo que dijiste o queda molesta por lo que señalas? ¿Abusas de la autoridad de saber bien el tema o permites que la empatía y la conexión de tu manera de expresarte se gane el corazón de la gente?


No tienes que ser un contador de historias (o storyteller) para dominar esta habilidad. No tienes que ser un orador o conferencista para que te importe el tema o querer elevar la calidad de lo que dices, cuando lo dices y a quien se lo dices. Probablemente lo más importante es preguntarte: ¿cómo quiero impactar a otros con mi manera de comunicar?


Comunicar públicamente no es dominar el escenario ante docenas, cientos o miles de personas. Es dominar la simpleza de comunicar con claridad e impacto ante una. Eso requiere disposición. Eso impactará la manera en que te relaciones con todo el mundo en todos los aspectos ese tu vida. Contar historias es algo que requiere aprender, practicar y disfrutar. Tu mereces expresar lo que vives de manera en que se convierta en una herramienta de inspiración y poder con los que te rodean. ¿Qué vas a hacer al respecto?


Nota importante: el próximo 28 y 29 de marzo regresa el taller, "La historia del héroe". Sergio Hernández Ledward y Jorge Meléndez nuevamente co-facilitarán este dinámico taller donde vas a desarrollar esta fascinante habilidad de contar historias. Para más información, puedes enviar un mail a jorgeamp63@mac.com o por whats app al +5215511392095. Hay oferta hasta el 5 de marzo, cupos limitados.


¡Gracias por sacar de tu tiempo y leer este blog!


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